CONSEJO HDADES ALCALA

CONSEJO HDADES ALCALA

CONSAGRACIÓN DEL MUNDO A MARÍA AUXILIADORA (24 de marzo)

A tus plantas nos rendimos, Reina y Madre Auxiliadora

¡Oh Santa e Inmaculada Virgen María, Madre nuestra y poderoso Auxilio de los Cristianos! Nosotros nos consagramos enteramente a tu amor y tu servicio. Te entregamos nuestra mente y sus pensamientos, nuestro corazón y sus afectos, nuestro cuerpo y sus sentidos y fuerzas, y prometemos obrar siempre para la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

Tú, que fuiste siempre Auxilio para el  pueblo cristiano, continúa, siéndolo especialmente en estos días en que vivimos sometidos al dolor y la enfermedad. No permitas que las dificultades y sufrimientos dobleguen nuestra fe y nuestra esperanza: tú, que eres fuerte como ejército en orden de batalla, danos la fuerza necesaria para luchar contra el mal y buscar siempre el bien.

Acompaña al Pueblo de Dios y a sus pastores, concede tu fuerza al Papa Francisco, a los obispos y sacerdotes; Ilumina a los gobernantes y a todos los que están investidos de autoridad, para que busquen siempre y solo el bien de los ciudadanos; protege a las familias, a los religiosos y sacerdotes, a los miembros de movimientos apostólicos; cuida especialmente de los niños y jóvenes, protégelos bajo tu manto de Auxiliadora; intercede por todos nosotros, pecadores, para que vivamos en constante espíritu de conversión, consuela a los enfermos y conforta a los moribundos con la esperanza del encuentro con el Señor resucitado.

Te suplicamos, Madre de Dios, que nos enseñes a imitar tus virtudes, especialmente tu sencillez y tu ardiente caridad, tu apertura y disponibilidad a la voluntad de Dios y tu entrega a la misión de ser la primera discípula de tu hijo Jesús en el anuncio del Reino, y en el desarrollo de la Iglesia y de la Familia Salesiana, de la que eres especial protectora como Auxiliadora.

Haz, María Auxiliadora, que todos permanezcamos reunidos bajo tu maternal manto; que en las tentaciones te invoquemos con toda confianza; y que la certeza del amor que nos tienes nos aliente de tal modo, que salgamos victoriosos en la lucha contra el enemigo de nuestra alma en la vida y en la muerte, para que podamos encontrarnos contigo el Paraíso. 

Así sea.

Enrique Ruiz Portillo